Constante es un adolescente atípico. Es culto, educado, divertido y muy cabal. Le gusta mucho leer, jugar al fútbol, escuchar lo que él considera buena música, ir al cine y, eso sí, le chiflan las chicas, en especial Bea, de la que se enamora perdidamente tres semanas antes de cumplir los dieciocho años y hacer la Selectividad.
A pesar de que sus delirantes padres Pepu e Indira lo estén llevando por el camino de la amargura, Constante mantiene el temple y no se emborracha, ni se droga ni sale de fiesta hasta las tantas con tal de evadirse de su penosa realidad doméstica.
Sin embargo, a partir del momento en que decide relatar sus vivencias en un catártico diario, su vida empieza a entrar en una espiral descacharrante de situaciones catastróficas. ¿Será capaz de mantenerse a flote con la ayuda de su tutor y mentor Eugenio o perderá los estribos como hacen sus progenitores?



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