LOS INOCENTES OLVIDADOS

17.00

Joan Pere Coll Valverde nace en la ciudad mediterránea de Vilanova i la Geltrú, un 21 de marzo de 1960.

Desde muy joven, invierte parte de su tiempo de ocio en la lectura, en la investigación y en escribir, casi siempre haciéndolo de puertas hacia adentro.

Movido siempre por el ansia de profundizar en los tejidos históricos de personajes, asociaciones y sucesos, intenta reunir fundamentos y, con todo ello, crear su obra.

Se define, en muchos aspectos, como una persona con sus defectos e inmadura. Seducida por enormes sentimentalismos, se considera extremadamente unido a la época del Romanticismo.

La fantasía, la ficción y los sueños, en definitiva, su alma infantil, jamás lo ha abandonado. Dice que, gracias a ella y a sus ilusiones, aunque con demasiadas imperfecciones, pudo superar los peores años de su vida.

Entre otras muchas cosas, ha sido ponente en el I Congreso de Cultural Catalana y ha realizado diversos escritos para programas culturales relacionados con la temática del folclore.

Descripción

Se despierta un nuevo día, un 15 de junio de 1897, el antiguo “Patí de Cordelers” (Patío de Cordeleros), junto a la desaparecida “Presó Vella” (Prisión Vieja) de Barcelona, se halla repleta de personas, un enorme gentío que viene a despedir a un hombre. Silvestre Lluís Selma, saldrá hoy por la puerta de aquella antigua cárcel, andando, ataviado con ropajes oscuros, le acompañarán agentes de la autoridad, personas institucionalizadas y algún santo varón… Caminará entre la multitud y les escuchará vocear, aunque su mente no vislumbrará lo que le quieren contar.

Una tarima en el centro de aquel patío se encuentra establecida, unos escalones madera lo llevarán hasta ese llano, donde, Nicomedes Méndez, El Verdugo de Barcelona, su amigo, le espera. Silvestre se situará a su lado y, frente a él, una extraña silla: el garrote vil.

Silvestre fue condenado y sentenciado por los hombres, por el pueblo, por las muchedumbres… por las comidillas, por las alcahuetas y las comadres, a la pena capital. Silvestre, antes de terminar su vida, manifestó: «Poble de Barcelona, mort incocent… sòc inocent» (Pueblo de Barcelona, muero inocente… soy inocente).

Su nombre entró a formar parte de los libros de historia de la ciudad catalana, pues fue el último reo ejecutado públicamente en Barcelona… No le cubrieron con ropas amarillas, las que señalaban a los parricidas, pero nadie se manifestó por ello.

El punto de ficción de la novela, basada en hechos reales, está relacionado con la propia naturaleza del autor, quien siempre quiso conocerles… Viendo esa imposibilidad, finalmente se instaló en la obra con el propósito de reunirlos de nuevo a todos y ofrecerles la oportunidad de gozar de otra vida… de la vida que les arrebataron.

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